Archdiocese of Los Angeles
Cartas Pastorales y Declaraciónes de Cardenal Mahony

Les Daré Pastores Según mi Corazón

Declaración Pasotral
Cardenal Rogelio M. Mahony, Arzobispo de Los Ángeles
21-22 de Febrero del 2002

I. Buenos Pastores

Por medio del profeta Jeremías Dios hace una poderosa promesa a su pueblo: "Les pondré pastores según mi corazón, que los alimenten con inteligencia y prudencia" (Jeremías 3,15). Dicha profecía alcanza su mayor cumplimiento en la persona de Jesucristo quien definirá su propio ministerio en estas palabras: "Yo soy el Buen Pastor. El buen pastor da su vida por sus ovejas" (Juan 10,11).

Desde el principio del Cristianismo, la imagen de Jesús como nuestro Buen Pastor se ha destacado y ha prevalecido hasta nuestro tiempo. Las primeras obras de arte sobre Jesús que se descubrieron en las catacumbas lo describen como el pastor que cuida, ama, nutre y protege al rebaño. Esta imagen del Buen Pastor resume perfectamente la vida y ministerio de Jesús en su totalidad, el cual funge como modelo para todos aquéllos llamados a realizar un ministerio en su nombre a través de los tiempos.

Todos aquéllos que optan por servir al Pueblo de Dios en el sacerdocio ministerial y en la vida consagrada, dentro de la Iglesia Católica Romana, deben por consiguiente definir tanto sus personas como sus ministerios plenamente a imagen de Jesús el Buen Pastor. Todos aquéllos que continúan al servicio del Pueblo de Dios en el nombre del Buen Pastor -ya sean sacerdotes, religiosos(as) o laicos- están comprometidos a imitar plenamente el ejemplo de Jesucristo, quien siempre está dispuesto a dar su vida por las ovejas. Por lo tanto, si Dios mismo nos ha confiado este ministerio, no debe ser menos en nosotros este servicio.

Jesús mismo nos advirtió que mientras no cumpliéramos con la tarea del buen pastor, entonces seríamos nada más que trabajadores asalariados indignos de su confianza: "El trabajador asalariado que no es un pastor y que las ovejas no son suyas, cuando ve acercarse a un lobo, huye, abandona a las ovejas y ocasiona que el lobo las atrape y las disperse" (Juan 10, 12).

A través de los siglos el Señor ha llamado a un sinnúmero de hombres y mujeres al servicio y al ministerio a favor del Pueblo de Dios. Por la gracia de Dios, la gran mayoría de estos llamados han sido buenos y fieles servidores, incluso han dado su vida en el servicio de una manera heroica, siguiendo el ejemplo del Buen Pastor -muchos, literalmente han entregado su vida en favor del rebaño.

Afortunadamente, la gran mayoría de nuestros sacerdotes, diáconos y ministros laicos sirven con gran celo al Pueblo de Dios a ejemplo del Buen Pastor y lo hacen de manera excelente. Les estoy agradecido y me siento orgulloso de ellos.

Sin embargo, constatamos con tristeza que una pequeña minoría de sacerdotes, diáconos, religiosos y ministros laicos se han comportado más como los trabajadores asalariados que describe Jesús. Ya que ellos no han protegido ni alimentado al rebaño con el mismo cuidado que Jesús demanda. En casos extremos no solamente han dejado de proteger al rebaño, sino que ellos mismos han actuado como lobos causando graves daños a algunos de los miembros del rebaño.

Trágicamente, algunos que han ejercido su ministerio a nombre de la Arquidiócesis de Los Angeles han hecho presa de los miembros más vulnerables del rebaño, causándoles un daño incalculable. Estamos conscientes de que la conducta sexual inapropiada es una realidad humana que ocurre en las familias, en las escuelas, en las cárceles, en otros lugares, e incluso en Iglesias. Razón por la cual resulta crucial que la Iglesia confronte honestamente la realidad del abuso. Nos hemos esforzado y continuaremos haciendo todo lo posible para asegurar que tales conductas reprensibles, las cuales son seriamente pecaminosas y están totalmente en contra del llamado y el ejemplo de Jesús, sean prevenidas cuando sea posible y tratarlas con prontitud y responsabilidad cuando se lleguen a presentar.

La más grande indignación de la Iglesia es que alguien que se ha consagrado a una vida de servicio al Pueblo de Dios y siguiendo el ejemplo del Buen Pastor, use su posición espiritual dentro de la comunidad para abusar o dañar a algún miembro de la misma. Yo condeno tal comportamiento inapropiado e inexcusable. Lo más nefasto y traidor de quien ministra al Pueblo de Dios es su conducta sexual inapropiada, en especial con los pequeños. Tal comportamiento abusivo es una depravación maligna del pecado y por tanto merece la misma condenación que Jesús pronuncia en el Evangelio: "Si alguien hace tropezar y caer a uno de estos pequeños que creen en mí, mejor le sería que le amarraran al cuello una gran piedra de moler y que lo hundieran en lo más hondo del mar" (Mateo 18,6).

Como pastor principal de la Arquidiócesis de Los Angeles debo asegurar que los fieles sean servidos por hombres y mujeres que reflejen plenamente el amor, la ternura y la protección del Buen Pastor. Yo no puedo aceptar ni aceptaré menos.

II. Abuso Sexual por Quienes sirven en la Arquidiócesis

Pido sinceramente disculpas a cualquier persona que haya sufrido a causa de la conducta inapropiada o abuso sexual por algún sacerdote, diácono, ministro laico, empleado, o voluntario de la Arquidiócesis de Los Angeles. Tal conducta contradice totalmente el ejemplo de Jesús el Buen Pastor, causando una seria ruptura de la confianza entre el ministro y el pueblo. No hay excusas para un abuso sexual.

Las disculpas son vitalmente necesarias pero insuficientes por sí mismas. Mi objetivo como pastor principal es hacer todo lo humanamente posible para prevenir el abuso sexual por cualquier persona sirviendo la Arquidiócesis. En efecto, en 1988, la Arquidiócesis de Los Angeles promulgó por escrito pólizas sobre el abuso sexual en el clero. Dichas pólizas y procedimientos están en constante revisión de acuerdo a las necesidades actuales para asegurar que se cumpla el objetivo propuesto:

Es la póliza de la Arquidiócesis que el abuso sexual por parte del clero es el más serio abuso de confianza y no será tolerable. El Arzobispo tiene la responsabilidad frente al Pueblo de Dios de asignar sacerdotes y diáconos en puestos de confianza, únicamente si él está moralmente seguro de que dichos ministros serán capaces de servir adecuadamente al pueblo confiado a su cuidado pastoral.

Los procedimientos Arquidiocesanos se enfocan en los siguientes objetivos:

  • Tratar seriamente todas las acusaciones de abuso sexual, y no lidiar con el problema del abuso sexual por parte de un sacerdote o diácono optando simplemente por cambiarlo de asignación ministerial;
  • Educar al clero y al pueblo acerca del problema del abuso sexual y establecer procedimientos de discernimiento y análisis, así como pólizas educacionales en la materia para aquéllos que están en formación para el ministerio ordenado;
  • Cooperar plenamente con las autoridades civiles en los reportes y procedimientos vigentes concernientes al abuso sexual.

Se han establecido pólizas paralelas para las escuelas Parroquiales /Arquidiócesanas, programas de educación religiosa, ministerio para jóvenes y ministerio de detención. Estas pólizas inician un procedimiento para tratar inmediatamente las alegaciones de conducta sexual inapropiada.

Cuando nos damos cuenta de que esté ocurriendo un abuso sexual, nuestros primeros pasos incluyen escuchar atentamente a la persona quien presenta la queja de abuso. Nuestro enfoque inmediato debe ser ayudar a la persona directamente afectada por el abuso o la conducta inapropiada. Nuestro ministro de asistencia continúa en contacto con dicha persona y provee las referencias terapéuticas apropiadas al respecto. Mientras más rápido se inicia el proceso de sanación, la vida destrozada será restaurada más efectivamente.

Al mismo tiempo, si está involucrado un menor de edad, se siguen los requisitos de los estatutos y mandatos en el reporte, para que las autoridades civiles investiguen las demandas. El individuo acusado es inmediatamente retirado de su ministerio mientras se llevan a cabo las investigaciones. Respecto a cargos de conducta sexual inapropiada que involucren a adultos, la Arquidiócesis inicia una investigación exhaustiva del caso y el individuo es retirado del ministerio si las circunstancias lo ameritan.

Debemos reconocer que siempre que ocurre un abuso, resultan muchas víctimas en varios aspectos que también necesitan la asistencia de la Iglesia: familiares, parroquianos, empleados parroquiales, maestros y personal docente, otros miembros del clero y la misma Iglesia. Cuando un servidor de la Arquidiócesis causa dicha victimización, surge un coraje y una irritación muy reales, frutos de la traición de nuestra confianza.

El abuso sexual a menores es el más nefasto de todos. Los niños y los jóvenes dependen de los adultos en la protección y la formación. El clero tiene una obligación especial de asistir a los padres en crear un ambiente cristiano para sus hijos. Dicha obligación es compartida con otros miembros, tales como religiosos y ministros laicos que trabajan en colaboración con los sacerdotes. Con frecuencia los niños son confiados a la parroquia y escuela parroquial para su continua formación y educación. Violar a estos niños mientras están al cuidado de la Iglesia es la más despreciable ruptura de confianza.

Permítanme expresar muy claramente: La Arquidiócesis de Los Angeles no asignará o retendrá bajo conocimiento a ningún sacerdote, diácono, religioso o ministro laico a un servicio en sus parroquias, escuelas, ministerios pastorales u otras asignaciones, cuando tal individuo haya estado previamente involucrado en el abuso sexual de un menor. Si la Arquidiócesis determina que un sacerdote o diácono ha estado involucrado en tal conducta, la persona será retirada de toda oficina clerical, de todo ministerio pastoral y educacional y no será reasignado. Al no regresar a un ministerio activo, se le favorecerá que busque la dispensa de su sacerdocio o diaconado y que regrese al estado laical.

III. Esfuerzos para asegurar un ministerio confiable

Quiero asegurar a todos los miembros de la Arquidiócesis de Los Angeles que se están tomando todas las medidas comprensibles para lograr que todos aquéllos ordenados sean hombres íntegros que servirán a la Iglesia como ministros confiables que siguen el ejemplo de Jesús, el Buen Pastor.

La solicitud y el proceso de discernimiento para aquéllos que entran a nuestros seminarios es completa y amplia, incluyendo exámenes psicológicos, así como un proceso de entrevistas a fondo. Al candidato se le pide también hacerse el proceso de las huellas digitales gubernamentales. Nuestra póliza es estar atentos a que nuestros futuros sacerdotes y diáconos tengan los talentos y la generosidad para servir a la Iglesia con su santidad y la confiabilidad requerida de todo buen pastor.

A lo largo del proceso de formación se dan programas regulares que incluyen crecimiento y desarrollo humano, sexualidad humana, y cómo mantener los límites apropiados en las relaciones ministeriales. Esto se lleva a cabo con la ayuda y guía de psicólogos profesionales y otros expertos en la materia. La formación incluye también la participación del ministerio supervisado en diversos campos. Los resultados obtenidos de dicho ministerio son utilizados para evaluar la idoneidad de un candidato para el ministerio. Existen muchos aspectos que se toman en consideración antes de que alguien sea propuesto para la ordenación.

Dos años antes de la posible ordenación, nuestros seminaristas viven diez meses en una rectoría, experimentando el apostolado parroquial al lado de sacerdotes, empleados y parroquianos. Durante este tiempo los sacerdotes y empleados monitorean y evalúan al sujeto para descubrir si es apto como candidato al sacerdocio diocesano. A su regreso al seminario continúan las evaluaciones por dos años más, antes de ser aprobado para la ordenación.

El seminario enfatiza la oración diaria, la dirección espiritual y la participación en grupos de apoyo para asistir al candidato a vivir una vida de acuerdo a la misma vida de Jesús, el Buen Pastor, y que le ayudará a lograr una vida moralmente estable.

Los sacerdotes ordenados y los diáconos están involucrados en formación continua, recibiendo cursos yprogramas educacionales diseñados para ayudarlos a permanecer fieles a sus compromisos clericales. La Arquidiócesis ofrece también programas especiales para mantener al clero al día en lo referente a sus obligaciones, para evaluar los principios y límites aceptables y para mantenerlos alerta en cuanto a su obligación de proteger a todos en la Iglesia -especialmente a los niños y a los jóvenes.

Antes de empezar su servicio en la Arquidiócesis, todos los maestros y personal docente de nuestras escuelas y todos aquellos empleados en nuestras parroquias que trabajan directamente con menores, pasan por un proceso de toma de huellas digitales por una agencia pertinente, de acuerdo a lo que marca la ley. Además, anualmente hacen un reconocimiento de su responsabilidad de reportar cualquier sospecha razonable de abuso sexual a menores. Están en vigor pólizas referentes a la conducta con jóvenes.

Aun cuando ningún plan humano puede prever todas las eventualidades, puedo decir sin vacilación que la Arquidiócesis de Los Angeles está haciendo todo el esfuerzo posible de su parte para asegurar que todos aquéllos que sirven al Pueblo de Dios, en un ministerio en la Arquidiócesis, lo hagan con integridad personal, confiabilidad y celo apostólico -es decir, con todas las cualidades del Buen Pastor.

IV. Nuestros Buenos Pastores

Dado que existe un amplio círculo de víctimas involucradas en cualquier instancia de abuso sexual o conducta inapropiada, el clero de la Arquidiócesis sufre de una manera única. Cuando un hermano sacerdote o diácono que haya violado el compromiso sagrado que se le confió el día de su ordenación y haya dañado a un parroquiano, especialmente a un niño o un joven, genera una nube de sospechas sobre todos los sacerdotes y diáconos. Ellos a su vez se sienten traicionados, desilusionados y furiosos.

Aquí en la Arquidiócesis de Los Angeles estamos realmente bendecidos con sacerdotes y diáconos que desarrollan su ministerio con integridad y esmero. De hecho, la mayoría del clero trabaja demasiado. El crecimiento continuo del número de Católicos a lo largo de la Arquidiócesis presenta demandas pastorales que constituyen un reto pastoral para nuestros sacerdotes y diáconos a afrontar.

La gran mayoría de nuestros sacerdotes y diáconos son ministros dedicados a nuestra gente, y yo les agradezco y encomiendo su compromiso. No podemos permitir que el terrible mal de unos cuantos deshonre el trabajo pastoral incalculable y la santidad de la mayoría.

Concluyo con una cita de Hagan lo Mismo que Yo Hice con Ustedes, que expresa bien la imagen del Cuerpo de Cristo, la Iglesia, que Jesucristo quiere y la cual es nuestra meta aquí en la Arquidiócesis de Los Angeles:

Estamos unidos a nuestras raíces cuando el Pueblo de Dios se reúne fielmente en la Eucaristía con el Obispo y con sus sacerdotes y otros ministros. El Espíritu evoca a la Iglesia apostólica no llevándonos al pasado, sino que uniendo el pasado con el presente de esta comunidad, y avivando los carismas y habilitando su completo florecimiento, de la misma manera que marcó las primeras reuniones de la Iglesia en oración.1

Como Iglesia y como Arquidiócesis nuestro futuro es fuerte y vibrante. Insertada en una humanidad débil, la Iglesia avanza hacia delante, tanto con sus santos como con sus pecadores. Nuestros esfuerzos continuos son de renovarlo todo en Cristo y de cooperar con la gracia de Dios a la edificación de una Iglesia genuinamente santa. Esta es nuestra oración y nuestra esperanza:

La Iglesia en este momento debe estar relacionada con los discípulos en el camino de Emaús (Lucas 24, 13ss). Como ellos, continuamos hablando unos con otros acerca de todo lo que Dios ha estado haciendo entre nosotros. Como ellos, estamos en el camino, in via, en medio de un viaje, y, como ellos, muchas de nuestras expectativas han sido inciertas. Al ser perturbadas nuestras firmes expectativas, el don de la presencia del Señor, el poder del Espíritu, está para que lo recibamos, y el Señor está en medio de nosotros, no menos que en el camino de Emaús, -como compañero en el viaje, como maestro, como guía, y especialmente en la Bendición y la Fracción del Pan Eucarístico.2

Que Jesucristo, nuestro Buen Pastor, nos guíe siempre en nuestra jornada como sus discípulos y colaboradores en su viña.

1 Hagan lo Mismo que Yo Hice con Ustedes, Carta Pastoral sobre el Ministerio, Jueves Santo, 2000, n. 75.

2 Idem. n. 76

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