La Eucaristía y la Vida como Sacramento
Nos vamos santificado, enraizados en la oración, que vive de la Eucaristía y de la celebración de los sacramentos. La vida sacramental de la Iglesia produce fruto cuando el Pueblo de Dios integra la celebración sacramental del Misterio Pascual y su esfuerzo por transformar el mundo en y a través del amor de Dios. La Eucaristía transforma a la comunidad reunida en asamblea: Nos volvemos lo que recibimos; recibimos el Cuerpo de Cristo en la Eucaristía para hacernos Cuerpo de Cristo para transformar el mundo. “Ninguna comunidad cristiana se puede construir si sus bases no están asentadas en la celebración de la Santa Eucaristía” (Juan Pablo II, Ecclesia de Eucharistia, 33; ver Presbyterorum ordinis, 6). Vivimos por la gracia transformadora que nos permite reconocer y abrazar la sacralidad de la vida humana y vivirla en todas sus variadas dimensiones. Toda nuestra vida se transforma en expresión viva del Misterio Pascual—la vida, la pasión, la muerte y la resurrección de Jesucristo—que celebramos primordialmente en la Eucaristía.
Nuestra participación en la Eucaristía expresa nuestro compromiso que permite a Cristo entrar en nuestras vidas, para nutrirnos con su Palabra, para sostenernos con el sacramento de su Cuerpo y Sangre, construyéndonos—miembro por miembro—en el Cuerpo de Cristo. Como la experiencia de Cristo resucitado transformó a los discípulos y discípulas, así nuestra participación en el Misterio Pascual nos transforma al igual que al mundo entero. Pero esto es posible solamente a través de una inmersión en la oración que fortalece nuestro compromiso con la santidad de vida.
Prioridades pastorales
Cada parroquia ha de dar prioridad a la celebración de la Misa Dominical, como una ocasión y oportunidad primordial para revitalizar la vida espiritual de la comunidad y, por consiguiente, para estimular la participación plena, consciente y activa de los fieles.
Al seguir declinando el número de sacerdotes en la Arquidiócesis, se ha de desarrollar un extenso plan a nivel Arquidiocesano, regional y parroquial para que sean servidas las necesidades litúrgicas y sacramentales del pueblo.
Estrategias pastorales
Se han de elaborar e implementar normas arquidiocesanas que garanticen a los católicos que puedan recibir la comunión, reunirse para orar, y celebrar sacramentos y ritos litúrgicos que puedan ser administrados en ausencia de un sacerdote.
Los ministros ordenados y laicos han de participar en estudios continuos y formales de liturgia y homilética.








