Formación y Educación Continua: Personas Adultas, Personas Jóvenes Adultas, Jóvenes
En la profunda comprensión de la tradición católica está el transmitir el “misterio” a la generación siguiente. Toda persona bautizada debe tener una “fe bien formada, ser entusiasta, ser capaz de liderazgo en la Iglesia y en la sociedad, estar llena de compasión y trabajar por la justicia” (Plan Pastoral para la Formación de las Personas Adultas de la Conferencia de los Obispos de los Estados Unidos Sentíamos Arder Nuestro Corazón, 1999, 30). Para que la persona sea más eficaz en llevar a cabo la misión de la Iglesia, ahora y en las décadas por venir, se debe enfocar mejor y conjugar esfuerzos en la educación continua y formación en todas las diferentes etapas de la vida. Las personas cristianas que han llegado a conocer a Jesús el Cristo siempre han sabido como explicar a otras personas su experiencia de Jesús ofreciendo esa experiencia a través de acciones llenas de fe. Al hacerlo, nos han dotado de una rica tradición.
Apreciar esa herencia, transmitirla a la nueva generación y mantenerla viva en un mundo en cambio constante es un verdadero desafío. Pero solamente aquellas personas que primero se han evangelizado, aquellas que experimentan la presencia y el poder del Espíritu de Cristo, pueden verdaderamente captar esta tradición y transmitirla a otras personas. Lo que necesitamos en nuestro tiempo y lugar son líderes entusiastas que motiven a toda la Iglesia, especialmente a la juventud, a las personas jóvenes adultas, para que sean el Cuerpo de Cristo y lo construyan en el mundo.
Prioridad pastoral
Se han de ofrecer programas efectivos de educación religiosa y de formación en la fe a lo largo de toda la Arquidiócesis y en todos los niveles: niños, jóvenes, jóvenes adultos y personas adultas.
Estrategias pastorales
En el plan para la educación y formación continua ha de incluirse estudio bíblico, educación sobre justicia social, oportunidades para crecimiento teológico y apreciación personal de todos los sacramentos, el respeto por la diversidad, la espiritualidad y la dirección espiritual.
Una cantidad adecuada de programas interparroquiales para jóvenes adultos se ha de crear en cada región pastoral, mediante la cooperación de las parroquias entre sí que incluya el compartir recursos y personal, para proveer a la formación de la fe de los jóvenes adultos.








